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Salud mental y género

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Cada vez se sentía más desbordada. El día a día se le hacía más difícil. Tanto ella como las mujeres de su alrededor se sentían sobrecargadas pero sabía que si acudía al médico solo la medicarían.

 

Pide cita | Para abordar el malestar de las mujeres es necesaria una perspectiva de género. Según el Instituto Andaluz de la Mujer, ocho de cada diez mujeres que consultan en Atención Primaria por síntomas a los que no se les encuentra una causa médica (cansancio, problemas de sueño, dolores de cabeza…), son mujeres. 

 

Además, es frecuente que ante estas demandas se banalice o minimice su importancia y/o que se patologice. Es decir, que ante estos malestares se tiende a medicalizar con antidepresivos o ansiolíticos y diagnosticar con trastornos de ansiedad o depresión. Sin haber recibido una atención especializada por parte de un psicólogo o psiquiatra y sin tener en cuenta que este malestar puede tener que ver con razones de género.

 

Por qué hablar de género y salud mental

 

Frecuentemente, me encuentro en terapia con mujeres que tienen problemas laborales (alta carga de trabajo, acoso laboral, mayor exigencia y vigilancia, presión con su rol de madre o su deseo de serlo, sueldos inferiores que sus compañeros hombres con la misma categoría laboral, incluso con más responsabilidades…), están al cuidado de algún familiar (padres/madres o hijos/as) y de las tareas domésticas, se sienten obligadas socialmente a cuidar sus amistades, su aspecto físico, su alimentación, su actividad física, etc. para ser una mujer exitosa e independiente.

 

Muchas veces, estas mujeres acuden a terapia con algún tipo de medicación pautada y pensando que es su culpa, que algo están haciendo mal para no ser felices. Han tenido que escuchar que “no sé de qué te quejas, si lo tienes todo”, “estás exagerando, tampoco trabajas picando piedra”, “tienes que intentar no ser tan negativa”, “estás histérica” y un largo etcétera.

 

De hecho, históricamente se ha asociado la feminidad con la locura. Se nos ha tachado de locas, inestables, volubles y poco fiables, frágiles, demasiado “emocionales”, tratando de mantener la desigualdad, desprestigiando e infravalorando nuestro sufrimiento (“bah, eso es cosa de mujeres”).

 

Incluso, desde la antigua Grecia, se asociaban algunos “males” sólo a las mujeres. Es el caso de la histeria, que proviene del griego (hystera) y se usaba para denominar el útero. Sigmund Freud estudió y popularizó la histeria femenina. Según Freud, la histeria se manifestaba a través de crisis inexplicables y su causa era la represión de un hecho traumático. Sus síntomas eran muy diversos, desde cefaleas hasta problemas de sueño o irritabilidad, lo que los clínicos de la época denominaban “propensión a causar problemas”. Su tratamiento era la masturbación o “masaje pélvico”. A través del orgasmo o “paroxismo histérico”, de esta manera los síntomas de la histeria remitían progresivamente.

 

En la actualidad, las mujeres tienen mayor probabilidad de ser diagnosticadas con algún tipo de trastorno mental, con síntomas más graves, así como mayor prescripción de psicofármacos. Esto se produce por los sesgos de género en la atención sanitaria, influyendo en las expectativas de los profesionales, en la toma de decisiones, en el diagnóstico y el tratamiento.

 

Diferencias en salud mental entre hombres y mujeres

 

Según la OMS 70% de las depresiones exógenas son diagnosticadas a las mujeres, frente al 30% de los hombres.

Según el Instituto Andaluz  de la Mujer, el 9.2% mujeres son diagnosticadas con un trastorno de ansiedad frente al 4% hombres, y el 9.1 %  de las mujeres, son diagnosticadas con un trastorno depresivo frente al 4.3% de los hombres. Además, ocho de cada diez personas que consumen antidepresivos o ansiolíticos son mujeres.

 

Sin esa perspectiva de género, seguimos perpetuando la idea machista de la debilidad de carácter de la mujer. Normalizamos y aceptamos que se nos considere como desequilibradas e inestables, debido únicamente a nuestra “esencia femenina”. Contribuímos de esta manera a que el sistema patriarcal siga minimizando y ninguneando el sufrimiento de las mujeres, y manteniendo la desigualdad entre hombres y mujeres. 

 

Sin perspectiva de género no hay salud mental, no hay salud.Pide cita

 

Se planteó cambios en su día a día, habló con su pareja y distribuyeron las responsabilidades y ,con ayuda, consiguió encontrarse mejor.

 

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Raquel Martínez

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