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El Duelo Perinatal

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Ella me contaba, con lágrimas en los ojos y los puños apretados, cómo hace tres años se produjo el fallecimiento de su hija Iraia apenas unas semanas antes de que llegara la fecha probable del parto. Ante un control rutinario, le comunicaron que la bebé no tenía latido y que tenía que ponerse de parto. 

 

El concepto de maternidad y la expectativa de cómo será empieza mucho antes del embarazo y se consolida durante el mismo. Generalmente, cuando una mujer se queda embarazada imagina cómo será su vida siendo madre. Imagina cómo será sentir los movimientos del bebé dentro de la barriga, a quién se parecerá, cómo será el parto, cómo será  tenerlo en brazos, cómo será darle de mamar o darle el biberón, bañarle y vestirlo, a qué olerá, cómo será el papel de su pareja, cómo será el cuarto de su bebé, su ropa, sus juguetes, cómo influirá en su familia… 

Cuando esta maternidad se trunca antes de que nazca el bebé, todos los sueños, las ilusiones y las ideas preconcebidas también se rompen de un golpe y se cuestiona la propia imagen de madre. 

Cuando hablamos de la muerte, lo hacemos desde la distancia, cuando le pasa a otros. Es un tema tabú que no nos enseñan cómo gestionar. Si sufrir la pérdida de cualquier familiar o amigo es un evento tremendamente doloroso, ¿cómo se vive la muerte de un hijo? ¿Y si ese hijo no ha llegado a nacer o fallece en los primeros días de vida? 

Es importante que se hable de la muerte perinatal y del impacto que causa en las personas que lo sufren. Muchas mujeres pasan por esta situación y necesitan que la sociedad entienda que sus hijos e hijas existieron y son importantes para ellas y sus parejas. 

 

A muchos les resultará difícil creer que hoy en día, con todos los cuidados y avances médicos que existen se produzcan muertes perinatales, pero lo cierto es que según el INE la tasa de mortalidad perinatal en 2019 es de 4.65 por cada 1.000 nacidos vivos. 

Las madres y padres que se enfrentan a una situación como ésta, a la muerte de su bebé, se enfrentan a algo que nunca se plantearon.

 

Nadie nos habla de la muerte perinatal, parece que a nadie le ha ocurrido, es un tema que se lleva en silencio. Silencio que ahoga, que asfixia y aprieta, que niega la realidad de estas madres y padres, que niega la vida y la muerte de sus hijas e hijos. Silencio que aísla y llena de culpa, de incomprensión y soledad, que llena de miedo.

Me explica agradecida, lo importante que fue para ella el trato cercano, empático, cariñoso y amable de la matrona que la acompañó. Poco a poco, fue informándola de todo lo que iba a suceder y de las decisiones que ella y su pareja tendrían que tomar. 

 

Desafortunadamente, la experiencia descrita aquí, no es la norma. En muchos hospitales aún no existe un protocolo de actuación y tienden a minimizar el dolor de los progenitores. Además, en estas ocasiones, la sociedad, el entorno de la pareja suelen negar la importancia y el impacto  que estas muertes tienen sobre los padres y madres y su posterior recuperación. La negación y el silencio persisten, el duelo perinatal muchas veces no es reconocido ni expresado. Cada vez que lo intentan escuchan frases del estilo: “ya tendrás otro, eres muy joven… “, “mejor así y no cuando tuviera más años, así no le conocías…” etc. Estos mensajes lejos de reducir el dolor, lo agudizan. Es importante permitir que los padres expresen abiertamente su dolor y puedan hablar de su bebé, puedan llorarlo, recordarlo y compartirlo con la familia y amigos.

En ocasiones asistir a terapia de duelo perinatal y/o a grupos de apoyo al duelo perinatal es una herramienta de gran ayuda para muchas madres y padres que han pasado por esta situación.

 

En este evento tan traumático hay algunas acciones que ayudan al posterior tránsito del duelo. Por supuesto, una adecuada comunicación y acompañamiento de los profesionales sanitarios es fundamental. Además, pese a poder parecer raro y generar cierto rechazo, es recomendable dar la oportunidad de ver y coger al bebé (aunque hay algunas madres y padres que deciden no hacerlo y también es una opción) para que puedan despedirse, reconocer y recordar su rostro. Es importante que utilicen el nombre si lo habían escogido para referirse al bebé y si no lo habían hecho, que le pongan uno o utilicen un apelativo cariñoso con el que probablemente le llamaban. En algunos hospitales preparan una caja de recuerdos, en la que tomar las huellas de las manos y los pies, quizá un mechón de pelo, la pulsera identificativa, el gorro o algún otro objeto del bebé.

 

Cogió a su hija en brazos por primera y última vez. Fue demoledor a la vez que le dio paz y le llenó de amor. Tuvo suerte, ella y su pareja pudieron besar y despedirse de su primera hija. En estos tres años han pasado por mucho, el tránsito hacia la norrmalidad no ha sido fácil para ellos. El amor hacia su hija permanece y les acompaña. Iraia es parte de su vida y siempre lo será, así lo lo necesitan y así lo quieren sus padres.

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Raquel Martínez

Enriquecimiento personal

Soy la capacidad de resiliencia y determinación de Serena. Me especializo en el desarrollo y enriquecimiento personal y aporto a mis pacientes las herramientas necesarias para orientar su día a día hacia ese mismo objetivo. Saber más.

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