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¿ De dónde viene mi malestar?

Malestar emocional.

No entendía bien por qué pero no conseguía relacionarse con normalidad con los demás. Tendía a sentirse herida y solía pasarlo mal en las relaciones. No conseguía relajarse en su relación.

 

Pide cita con una psicologa | Muchas veces nos sentimos mal, y no somos capaces de reconocer por qué: podemos tener la sensación de estar tristes, nerviosos, enfadados… sin identificar la causa o de dónde vienen estas emociones. Otras veces, podemos sentir que nos afectan en exceso cosas que otros no ven o sienten como tan importantes cuando les pasan a ellos.

Es posible que no entendamos bien la conexión entre nuestras emociones y las circunstancias que nos rodean (o que las atribuyamos erróneamente a otras). Así, las emociones son nuestros sensores, pero para que funcionen bien, tenemos que pararnos a escucharlas.

¿Alguna vez te ha pasado que te has dado un golpe en una parte del cuerpo, y automáticamente, parece que constantemente te estás golpeando en el mismo sitio? O te has hecho una herida y al tocarla o hurgarla, el dolor es mucho mayor que cuando no estaba esa herida, ¿verdad? Algo así es lo que puede suceder con nuestra mente: tenemos pequeñas heridas o traumas que, a lo largo de nuestra vida, se han ido asentando en nuestro sistema y pasados los años, siguen doliendo como si todos los golpes fueran a esa misma parte, o como si estuviéramos hurgando en la herida cada vez que nos exponemos a situaciones determinadas.

Pararnos a atender qué está pasando (“¿qué ha disparado esto ahora?, ¿qué emoción es exactamente la que siento?, ¿en qué parte del cuerpo sitúo exactamente esta emoción?, ¿qué pensamientos tengo asociados a esta emoción?”) nos puede dar mucha información, para poder empezar a cambiar el patrón al que estamos habituados.

Algo más que podemos hacer en estos casos, es atender a nuestra reacción al malestar que sentimos, ya que, muchas veces, ésta puede empeorar la primera sensación. Por ejemplo: si me he sentido sola en la infancia, es posible que, ya de adulta, cualquier situación de abandono, despierte en mí la idea de que “sola estoy mejor”; pero, ¿es realmente aislarme lo que me va a hacer sentir bien cuando mi problema es que me siento sola? Seguramente, de esta forma, tendamos a entrar en bucles cognitivos y comportamentales, que sólo estarán reforzando el patrón y las creencias que hay detrás de él.

Lo más importante en este punto es no tomar nuestras creencias como dogmas o verdades absolutas, aprendiendo a hacer cambios en las preguntas que nos hacemos y las respuestas que nos damos a nosotros mismos. En estos casos, es preferible preguntarnos si algo nos hace bien o no, en lugar de sólo atender a lo que nos apetece. Si queremos un cambio a mejor, necesitamos aprender a cuidarnos.

 

Heridas emocionales

 

A continuación, comentaremos algunas de las heridas o estados emocionales que la mayoría solemos tener atascados de alguna forma, llevándonos a estas formas de comportamiento tan desadaptativas:

 

Abandono o soledad: 

Me siento siempre solo, a pesar de estar rodeado de gente. Incluso teniendo gente importante a mi lado, siento que pueden desaparecer porque sus sentimientos pueden cambiar, o se irán por cualquier motivo.

 

Nadie me quiere, ni me va a querer:

 Tengo la sensación de que nunca voy a poder ser merecedor de cariño, no voy a poder despertar el interés de nadie, no tengo nada de especial.

 

Todo el mundo abusa o se aprovecha de mí: 

Soy una víctima, y siento que todo el mundo me va a utilizar para su propio beneficio; como siempre, terminaré siendo engañado o utilizado.

 

Soy un fracaso: 

Nunca conseguiré nada de lo que me proponga, soy un inútil, incapaz de conseguir nada de lo que quiero. Todo me sale mal, siempre fallo en todo.

 

No siento que pertenezca a nada ni nadie: 

Me siento aislado y diferente a todo el mundo. No tengo mi lugar, ni siento que forme parte de nada.

 

Todo me da pereza: 

No tengo disciplina, ni autocontrol; me frustro, me pongo excusas y evito la responsabilidad. No me apetece hacer nada, y eso es razón suficiente para no hacerlo.

 

Necesito la aprobación de los demás: 

Conseguir que los demás me den su reconocimiento, me importa más que mis propias necesidades. Si sé que los demás no van a aprobar algo, aunque para mí sea importante hacerlo, no lo haré.

 

Soy incapaz: 

No creo que pueda hacer las cosas por mis propios medios. Cuando pienso que no puedo hacer algo, lo vivo de forma literal, y ni siquiera consigo intentarlo. Acudo a los demás para que me ayuden, me guíen o se ocupen ellos.

 

Todo va a ir mal: 

Siempre espero que las cosas salgan mal, no visualizo escenarios alternativos en los que pueda ir bien, sino que me pongo en lo peor y tiendo a ser catastrofista.

 

Me avergüenzo de mí mismo: 

No puedo mostrarme como realmente soy, ya que, si los demás me ven de verdad, ya no me querrán.

 

Soy frágil, estoy desprotegido: 

Me siento débil y pequeño, como si cualquier cosa pudiera acabar conmigo, y yo no fuera capaz de enfrentarme a nada, ni de defenderme.

 

Estoy atrapado: 

Me siento bloqueado, como si no tuviera margen de maniobra para salir de la situación en la que estoy; puedo ver las salidas, pero no soy capaz de tomar ninguna.

 

Estoy confuso: 

No tengo claro lo que pienso, ni lo que opino, ni lo que siento… parece como si todo pudiera cambiar de un momento a otro.

 

Sin otros, no soy nada: 

Me aferro a los demás de una manera muy intensa, ya que siento que no puedo soportar estar solo, me siento vacío. Si se alejan de mí o me dejan, es como un abismo.

 

Me siento rechazado: 

Siento que todos me rechazan, que hay algo en mí que impide que la gente me acepte. Soy muy sensible a los gestos de desprecio, y estoy alerta para detectar cualquier indicio de este tipo.

 

¿Te sientes identificado con alguno de estos estados o heridas? Es hora de empezar a trabajar en ello y detectar qué hay por detrás, para poder comenzar a poner fin a este patrón y cambiar tu forma de funcionar.Pide cita con una psicologa

 

Revisó con ayuda sus creencias erróneas que la estaban impidiendo avanzar. Empezó a ponerlas en duda y plantearse otras formas de interpretar las situaciones. Poco a poco empezó a sentirse mejor.

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Amaia Ramos

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