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Creencias irracionales que afectan a nuestra vida

 

Cada vez que le sucedía un imprevisto, tendía a sentirse alterada. No conseguía poder adaptarse a las circunstancias con naturalidad. Sabía que tenía pensamientos muy negativos que la hacían enfrentarse a situaciones nuevas con mucho nerviosismo, y estaba deseosa de poder cambiarlos y disfrutar más de la espontaneidad.

 

Las creencias irracionales son pensamientos negativos basados ​​en suposiciones y juicios infundados sobre el mundo y sobre uno mismo. Pueden surgir de traumas experimentados o situaciones negativas de la vida pero también las aprendemos inconscientemente de nuestros padres, cultura y entorno asumiendo cómo funciona el mundo o los demás sin darnos cuenta que son sólo filtros y maneras de ver las cosas, pero con el coste de no ver que solo son una parte de la realidad, no toda, posibilidades pero no la realidad en sí misma por lo que al creerlas y seguirlas o comportarnos en base a ellas hace que  a veces tengan un impacto irreconciliable en nuestro comportamiento y sus consecuencias en nuestro entorno y vida

A menudo, una persona lucha como un pez contra el hielo, tratando de resolver algún problema, pero todas sus acciones no conducen al resultado deseado. En este caso, su pensamiento puede estar basado en actitudes lógicas incorrectas que reducen todos los esfuerzos a “nada”.

El pensamiento irracional está en conflicto con el pensamiento racional. El pensamiento puede basarse en actitudes lógicas incorrectas que, combinadas con las emociones, llevan a una persona a conclusiones y acciones incorrectas, lo que crea problemas en la vida.

Las emociones y pensamientos negativos asociados con creencias irracionales tienen un grave impacto en nuestras relaciones, trabajo y autodesarrollo. Podemos temer el fracaso o el rechazo, por lo que perdemos oportunidades o evitamos riesgos, pensando que no podremos afrontarlas. Pero, de hecho, estas creencias son sólo un engaño de nuestra mente.

Veamos ejemplos de las actitudes irracionales más comunes que complican la vida de las personas.

  1. Dependo del mundo que me rodea y no puedo controlarlo.

Una persona se pone la “ropa” del desamparo y piensa que no es capaz de resistir las dificultades de la vida. Poco a poco se convierte en víctima de las circunstancias que le suceden. A medida que una persona asume este papel cada vez más profundamente, puede deslizarse hasta el punto en que deja de creer en sí misma y pierde terreno. El apogeo de tal pensamiento es la adquisición de enfermedades cuando una persona ni siquiera controla su propio cuerpo pero también cuando aprende además a reaccionar o a seguir esta creencia complaciendo y sirviendo a los demás, dándoles lo que él o ella cree que deben para que el mundo y los demás le traten bien y/o obtenga lo que necesita.

  1. Tengo que hacerlo todo bien para que me vayan bien las cosas, tengo que controlar

Cuando en la escuela se exige a un niño que tenga conocimientos igualmente buenos en todas las materias, se forma esta actitud irracional. Una persona comienza a pensar que si no tiene éxito en algo, entonces la vida ha fracasado. En este caso, se puede desarrollar neurosis, ya que es simplemente imposible tener éxito en todo. Pero esta creencia esta asociada profundamente de nuevo en nuestras necesidades sociales y de sentirnos aceptados y no rechazados. El problema es cómo y hasta qué punto organizamos nuestra conducta en torno a esta creencia, ya que de querer controlar mucho o intentar tener mucho éxito para no sentirnos mal o rechazados o inseguros esto tambien se vuelve en contra a la larga, ya sea sobre nuestra  propia salud física o mental en forma de exageradas autoexigencias, stress, ansiedad social, y los dos extremos al interactuar socialmente o excesiva sumisión o agresividad en el trato porque las cosas no son “cómo deberían ser” o “no las estoy controlando”.

  1. Es necesario que mis acciones y yo sean siempre aprobadas por las personas que me rodean.

Una persona que fue criada para ser demasiado dependiente de la evaluación de los demás a menudo pierde el propósito de su vida. Se centra únicamente en aquello por lo que se le puede elogiar tendiendo al narcisismo o bien en el otro extremo en evitar en exceso el rechazo social y que los demás piensen mal de uno. Esta ultima manera de reaccionar tiene el coste de dejar en un segundo plano las actividades e incluso sueños que le interesan a uno si no cuentan con la aprobación de sus seres queridos o de las personas que tienen autoridad para él. Pero sobre todo el coste de no ser ni acabar viendo quién es uno realmente o quién querría ser en verdad

Los perfeccionistas, para quienes es muy importante recibir constantemente la aprobación y los elogios de los demás, sufren especialmente con el coste de autoexigirse mucho y llegando a acabar siendo irascibles con su entorno.

Los narcisistas que acaban buscando sus buenas cualidades en todo lo que hacen y aprenden a no ver los fallos con el coste de verlos sólo en los demás acarrean el coste a menudo de no mantener relaciones verdaderas e incluso de aislamiento social.

  1. Una persona siempre debe ser castigada por sus malas acciones.

Una persona no se da el derecho de equivocarse con esta actitud, porque tiene miedo de ser castigada. Cree que existe una justicia superior en el mundo, un tribunal supremo que necesariamente castiga todos los errores. Olvida que la vida es un campo de experiencia donde todo el mundo simplemente tiene que cometer errores para aprender algo.

Muchas personas no hacen nada nuevo por miedo a los errores, la desaprobación de los demás,  las “malas notas”, y así pierden la oportunidad de desarrollarse, de ser libre, uno mismo, de expresarse. Además muchos aplican esta misma creencia  a los demás: exigiendo lo que ellos consideran que es “justo”, con el coste de reaccionar en exceso tratando de que el mundo y los demás se ajusten a “cómo deberían ser las cosas” “esto no es justo, debería…” erosionando con ello relaciones personales y laborales.

  1. Soy incapaz de superar las dificultades de la vida. Será mejor si los evito.

No siempre es obvio para una persona lo que se esconde detrás de las dificultades. Puede pensar que las dificultades simplemente agotan sus fuerzas. Pero sucede más a menudo que detrás de las dificultades se esconde una novedad que desemboca en agradables sorpresas.  Si en el proceso de superar las dificultades, una persona adquiere nuevas habilidades y nuevas oportunidades que puede utilizar en su vida le irá mucho mejor a la larga.

  1. Soy incapaz de cambiar lo que está destinado por el destino.

Estas personas aprenden además junto a esta creencia, que lo mejor es evitar, reaccionando desadaptativamente. Una persona comienza a creer que todo está predeterminado por el destino y deja de fijarse metas y tratar de resolver los problemas de la vida. La fatalidad de la percepción del mundo puede llevar a la falta de ganas de hacer cualquier cosa.

Adoptar por tanto una actitud pasiva hará que a la larga problemas importantes para uno no se resuelven o se compliquen, que cabe perdiendo personas importantes u oportunidades laborales incluso sueños, volviéndose la vida más estéril y vacía.

Además experimentan una gran decepción cuando las cosas no suceden como se espera y comienzan a culpar a Dios o al destino y también a los demás por el hecho de que nadie se preocupa por él o porque las cosas no salen de nuevo “como deberían”. Los reclamos se convierten en desesperación y desilusión.

  1. Si tengo problemas, estoy obligado a buscar ayuda exterior.

Este es un estado infantil en el que una persona se siente ofendida y espera que otras personas resuelvan sus problemas. Está dispuesto a culpar al Estado, a la medicina y a los empresarios por no cuidar de él. Necesita ayuda, aunque él mismo puede no hacer ningún esfuerzo para resolver su problema. De nuevo encontramos que uno “espera que los demás y el mundo funcionen “como deberían””. De nuevo, una persona espera algún tipo de «justicia» hacia sí misma por parte de los demás y el mundo aunque la entiende unilateralmente. Y de nuevo uno puede además aprender a reaccionar a esta creencia esperando que los demás ayuden y solventen las dificultades de la vida de manera dependiente, o en el otro extremo si no recibe la ayuda que necesita, enfureciéndose, quejándose o destruyendo el objeto de su ira, es decir erosionando las relaciones formales o informales con los demás y todo lo que ello conlleva.

¿Qué tengo que hacer?

Para superar las creencias irracionales , es importante lo primero empezar a ser consciente de su presencia y cuándo reaccionamos a ellas de manera desadaptativa, y “pillarlas in situ” influenciando nuestra forma de sentir y reaccionar en cada momento. Esto conlleva tiempo, voluntad, anotaciones y reflexiones. Cuanto más escribas estos momentos más te ayudará el escribirlo a ser cada vez más consciente de tu conducta y forma de ver el mundo y a los demás y a ver qué cosas irracionales esperas.

Trabajar con un psicólogo puede resultar muy útil para  reconocer y afrontar sus creencias irracionales y luego reemplazarlas con pensamientos útiles y realistas o mejor aún: aprender a no reaccionar de forma desadaptativa y en vez de ello a reaccionar de forma adaptativa: nutriendo, prosperando a lo que uno en verdad desea.

Si una persona usa declaraciones categóricas en la comunicación con las palabras «debería ser así», «es necesario», «me deben», o reacciones exageradas de dependencia, sumisión o agresividad entonces esto puede ser un indicador de la presencia de creencias irracionales.

 

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María Aguirre

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