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Cómo afrontar el duelo

Ejercicio para facilitar la integración de nuestras pérdidas

Hacía solo dos meses que había perdido a su madre. Al principio sintió una sensación de irrealidad y de shock, no era posible que eso estuviera sucediendo. Ahora, cuando ha pasado un tiempo, empieza a aceptar que su madre no está y el dolor es cada vez más profundo, mucho más que al principio.

 

Pide cita con una psicologa | Tarde o temprano nos toca perder. Aunque queramos evitarlo, el hecho de estar vivos nos expone a enfrentarnos a distintos tipos de pérdidas. A medida que coleccionamos años perdemos cosas la primera vez, algunos amigos se van quedando atrás, cambian nuestras ilusiones y expectativas, perdemos juventud y lozanía, notamos cambios en nuestra salud y energía,… y, en medio de todas estas transformaciones, en algún momento, es muy posible que tengamos que decir adiós a personas importantes para nosotras. 

Cada pérdida nos sacude con distinta intensidad y encierra una experiencia cargada de significado. Nos recuerda la naturaleza efímera de nuestra existencia, la absoluta certeza de que la vida es cambio y el misterio de los vínculos humanos. Tan cierto es que las pérdidas reflejan lo que ya no tenemos como que recuerdan lo que tuvimos y lo que forma parte de nosotros. De alguna manera, la experiencia de la pérdida es una oportunidad para valorar y abrazar lo que ha formado parte de nuestra vida. Supone todo un proceso que puede atravesar distintas emociones, desde vacío y soledad, dolor, incomprensión, rechazo, negación, enfado o tristeza hasta gratitud, orgullo y serenidad. Y sentir todas esas emociones es normal en un proceso de duelo. 

El dolor de una pérdida

Muchas veces nos asusta sentir. Aprendemos a vivir evitando sentimientos que nos alteran o que nos hacen sufrir, hacemos de menos lo que nos duele o nos molesta, pasamos por encima de muchos sentimientos que no hacen sino reflejarnos quienes somos y qué nos importa. Y aprendemos a actuar así porque, en algún momento, nos resultó útil, nos permitió sobrellevar situaciones difíciles, aprendimos a hacerlo así por imitación o porque, sencillamente, a veces no sabemos qué hacer con algunas emociones. 

Sin embargo, cuando nos toca enfrentarnos a una pérdida no sirve de mucho escondernos del dolor. Los intentos por minimizar su impacto son variados. En ocasiones, nos refugiamos en una actividad desenfrenada para no sentir, convirtiendo al estrés en nuestro mejor aliado. Al mantener la mente ocupada, no dejamos espacio para pensar ni sentir. También podemos optar por anestesiarnos con medicamentos o sustancias para no estar conectados con nosotras mismas. Algunas somos capaces de congelar el corazón, sentirlo como una piedra, mientras razonamos y procuramos entender desde la cabeza, procurando normalizar la pérdida racionalmente. Estas estrategias pueden resultar útiles durante un tiempo, pero hacen más difícil que podamos aceptar nuestra pérdida y avanzar en el proceso de duelo. 

Pérdida de un ser querido

Especialmente en las pérdidas de personas queridas, necesitamos que se pare el mundo. Puede ocurrir que nos detengamos de golpe, que nos desconectemos de un mundo en constante movimiento que no permite digerir nuestro cocktail emocional y podemos tener sensaciones de lejanía e irrealidad. Algo en nosotros nos grita que la ocasión merece toda nuestra atención y que necesitamos hacer algo para digerir todos los cambios asociados. Queremos que las cosas no sean así, quizá repasamos los acontecimientos, añoramos segundas oportunidades, nos arrepentimos de haber o no haber dicho o haber hecho o no hecho algunas cosas. 

Deseamos no haber perdido, seguir igual que antes y, en ocasiones, nuestra forma de sentirnos conectados a la persona perdida es sumergirnos en el dolor, anclarnos en lo que fue y ya no es. Y podemos llegar a confundir la medida del dolor con la medida del amor que sentíamos hacia la persona, de manera que no podemos permitirnos sentir alegría, alivio o no estar dolientes porque lo vivimos como una traición.  Lo cierto es que necesitamos seguir conectados a lo perdido y la principal emoción que nos conecta es el dolor por la pérdida. Esta vivencia es humana y natural y requiere tiempo, aunque no es un lugar en el que quedarse el resto de nuestras vidas. Ante una pérdida podemos re-conectar con lo perdido, integrar y darle un significado a todo lo vivido. Este proceso nos expone a muchas emociones de pérdida, pero nos permite poder recordar sin ese profundo dolor.

Ejercicio para elaborar el duelo

En este artículo, te propongo un ejercicio muy especial. Es una invitación a tomarte un tiempo para honrar tus sentimientos y a la persona que has perdido, aunque el mundo siga girando a tu alrededor. El objetivo es, por un lado, conectar con el significado de tu sentimiento de pérdida, con lo que representaba para ti esa persona que formó parte de tu vida. Y, por otro lado, para tomar conciencia de qué otras pérdidas estás sintiendo que están asociadas a la pérdida de esta persona. Te invito a que lo vivas como un regalo, un tiempo para ti, para vivenciar y homenajear la figura de esa persona especial, para estar contigo y dedicarle unos minutos a su persona y a su legado.

  • Busca un lugar seguro y confortable y escoge un momento adecuado donde puedas estar en calma contigo misma durante unos minutos. 
  • Toma conciencia de tu respiración y haz tres respiraciones tranquilas, pausadas y completas, alargando la espiración respecto a la inspiración. Nota el movimiento de tu cuerpo mientras respiras, observa las sensaciones que aparecen y ve centrándote en ti misma. 
  • Coge papel y bolígrafo y empieza a contactar con el recuerdo de esa persona. Conecta con esa persona y con la relación que teníais, tal cual tú lo percibías. 
  • Observa la imagen que viene a tu cabeza. Quizá te vengan diferentes momentos que habéis compartido a lo largo de la vida. Si es así, tómate tu tiempo y deja que sea una de las imágenes la que cobre protagonismo. 
  • Vuelve a tomar conciencia de tu respiración y, de nuevo, haz tres respiraciones tranquilas, pausadas y completas, alargando la espiración respecto a la inspiración.
  • Completa estos epígrafes dándote permiso para sentir. Si necesitas llorar o tomarte descansos, date permiso para hacerlo. Si sientes la necesidad o las ganas de incluir alguna cuestión más, date permiso para hacerlo. Si te surgen las ganas de escribir una carta, hacer un dibujo o cualquier otro gesto para esa persona, date permiso para hacerlo. Escúchate y déjate llevar siempre desde una actitud amable y comprensiva contigo misma. 

 

  • Nombre de la persona que has perdido:
  • ¿Qué cualidades tenía para ti?
  • ¿Qué aspectos de su personalidad te gustaban más? ¿Qué te producía admiración? 
  • ¿Qué aspectos de su personalidad te gustaban menos? ¿Qué te producía rechazo o llevabas peor?
  • ¿Con cuáles de todos estos aspectos te identificas? ¿En qué te sientes igual o parecida? ¿En qué te sientes diferente u opuesta?
  • ¿Cómo describirías vuestra relación? 
  • Expresa gráficamente en una línea la evolución de vuestra relación, marcando los hitos/momentos que han supuesto puntos de inflexión o cambios en ella. 
  • ¿Qué ha aportado en tu vida?
  • ¿Qué le agradecerías? 
  • ¿Qué le reprocharías?
  • ¿En qué, especialmente, le vas a echar de menos? 
  • ¿Qué se ha ido con él/ella? ¿Qué otras cosas has perdido al perder a esta persona?
  • ¿Cuánto de él/ella sientes que está, habita o forma parte de ti? ¿Qué te hace sentir? 
  • ¿Hay algo que te hubiera gustado hacer o decirle? Si tienes la oportunidad de expresar esto con algún gesto (carta, paseo, dibujo, canción, baile…) plantéate la posibilidad de hacerlo cuando te sientas preparada. 
  • Por último, observa tu cuerpo, fíjate qué zonas se han visto involucradas de alguna manera, observa cómo y dónde sientes las diferentes emociones que has ido sintiendo. 

 

Espero de corazón que este ejercicio te permita conectar con esa pérdida desde un espacio íntimo y de máximo respeto y amor. Y que te permita re-vincularte con esa persona, aunque sea un poco, aunque sea de otra manera. En esta ocasión me despido con un fuerte abrazo.  Pide cita con una psicologa

Se dió permiso para conectar con su emoción y poco a poco pudo colocar sus emociones en su lugar. el dolor no había desaparecido, pero podía reconocerlo y elaborarlo, imprescindible para avanzar. Poco a poco y con ayuda, empezó a tener espacios de tranquilidad.

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Carmen Gómez

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