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Reproducción asistida durante la pandemia

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“Estaban emocionados, por fin se habían decidido a dar el paso y querían tener un hijo. Tras un largo tiempo intentándolo no se quedaba embarazada y decidimos pedir ayuda. Fue una decisión difícil, pero estaba muy ilusionados. Cuando por fin consiguieron cita en el centro de fertilidad, llegó la COVID-19 y todo quedó en pausa.” 

Nos hemos visto inmersos en una situación hasta ahora desconocida para nosotros. Es la primera vez que nos encontramos ante una crisis sanitaria mundial que tiene efectos directos tanto en nuestra salud física y emocional como en nuestra vida social y económica. Es como si nuestra vida se hubiera puesto del revés y nos damos cuenta de que recuperar nuestra antigua “normalidad” no va a ser tarea fácil.  

Al mismo tiempo, la infertilidad es una situación estresante que pone a prueba a las personas que la padecen. La frustración de querer tener un hijo y no poder, representa una importante crisis a nivel tanto personal como en la relación de pareja, si la hubiere.

El estrés de no quedarse embarazada

La vivencia de una pandemia incluye distintas fuentes de estrés para las personas: miedo a la infección, miedo por el estado de nuestros seres queridos, no poder seguir cubriendo necesidades básicas, incertidumbre laboral, soledad…

Si todo esto lo unimos a una situación de estrés pre existente originada por la infertilidad los efectos de la crisis que estamos experimentando pueden ser más profundos y agravar el malestar emocional y la incertidumbre ya existentes. 

Cómo combatir el estrés en pareja

“No sabía si podrían con todo. Su situación laboral había cambiado y no podían hacer una predicción de cuándo se recuperarían económicamente. Sin embargo, quería ser madre y no sabía cómo enfrentar su desilusión y miedo. Le costaba mucho enfrentarse a toda esta incertidumbre, a no saber si algún día podría lograr su sueño”. 

Normalizar emociones 

Las emociones negativas son parte de la vida. En tiempos de crisis es normal que experimentemos sentimientos de tristeza, angustia, miedo y preocupación. Para que nuestras emociones y pensamientos no nos desborden ni nos paralicen, hemos de empezar por normalizarlos. Ese va a ser el primer paso para aceptarlos y afrontarlos.

 

Ajustar expectativas

Aprender a equilibrar la realidad y nuestras expectativas nos puede ayudar a manejar mejor la frustración y a desarrollar nuestra resiliencia.  ¿En qué momento de mi vida estoy a todos los niveles? ¿Qué puedo hacer ahora y qué no? Voy a concentrarme en las cosas que puedo controlar, no en lo que no puedo controlar.

 

Expresa tus emociones

Necesitamos desahogarnos, no podemos esconder nuestras emociones. No expresar lo que sentimos, lo que necesitamos al final nos genera más estrés y hace que se incrementen los pensamientos negativos. Comunicarnos asertivamente nos ayuda a verbalizar nuestros sentimientos de forma adecuada.

 

Cuídate a ti misma

Practica algún ejercicio, cuida tu alimentación, revisa tus hábitos de sueño y busca técnicas de relajación. ¿Qué ejercicio podría hacer teniendo en cuenta mis aptitudes físicas y el tiempo del que dispongo? ¿Estoy durmiendo lo suficiente? ¿Mi alimentación es sana? 

 

Distracción y sentido del humor

Aunque a veces resulte difícil, el sentido del humor es una herramienta muy útil para evitar que aparezca la ansiedad o para hacerla más llevadera. Por otro lado, las distracciones nos facilitan el cambiar el foco de atención de los problemas y así poder relativizarlos.

 

Red de apoyo

No podemos paralizar nuestra vida, necesitamos el apoyo de los demás, bien sea de nuestra pareja como de familiares y/o amigos. No tengamos miedo a recurrir a ellos cuando lo necesitemos, tanto para compartir lo que sentimos como para evadirnos y distraernos. 

Es importante que aprendamos a aceptar el presente, a integrarlo en nuestras vidas y tomar las riendas, para ver que está en nuestra mano cambiar. Las crisis no duran eternamente y aunque la situación nos obligue a postergar nuestras metas, no significa que tengamos que renunciar a ellas.

 

“Se apoyó en su pareja y red de apoyo para afrontar la incertidumbre lo mejor que pudo. Decidió hacer uso de las consultas online y telefónicas para ponerse en contacto con su centro de fertilidad y acudir a terapia. Estaba segura de que necesitaba bajar su nivel de estrés y enfrentarse a este periodo desde otra perspectiva. No era la única y puede que un profesional pudiese aconsejarle mejor.”

 

 

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