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5 claves para dejar de ser superwoman

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Cómo superar los roles de género

 

Diana llevaba tiempo planteándose si realmente era inferior a sus compañeras. Parecía que todas podían trabajar, conciliar, tener pareja, practicar spinning y Pilates, y colgarlo todo en su perfil de Instagram. En cambio, ella cada día se sentía más cansada físicamente, enfadada en su trabajo, decepcionada con su pareja y frustrada por no ser como las demás.

 

Pide cita con una psicologa | Cuando pensamos en nuestro bienestar y salud como mujeres, tenemos que entender de dónde viene y por qué factores se ve influido. 

Uno de los más importantes es la llamada “socialización de género”, y se refiere a la influencia que ha tenido sobre nosotras la educación recibida, entendida en un sentido amplio, y relacionada con lo que supone ser hombre o mujer. 

Todas tenemos una serie de ideas, pensamientos, creencias y valores acerca de lo que implica ser un buen hombre y una buena mujer en esta sociedad, que no son ideas racionales, pensadas y maduradas, sino que nos son inculcadas. 

Desde que nacemos, incluso antes, desde que somos pensadas como un deseo por nuestros padres, vivimos inmersas en un proceso de aprendizaje del que es difícil escapar.

Cómo afecta a nuestras emociones: 

Todo nuestro entorno va a intentar imponernos diferentes estereotipos a unas y a otros. 

De niñas, se nos dice que está bien llorar, sentirse miedosas e inseguras, y nos inculcan el sentimiento de culpa cuando no nos preocupamos por los demás.

En cambio, a los niños se les anima a demostrar su enfado y agresividad y se les dice que “los chicos no lloran”. Si se imponen, es que son líderes natos, y si no lo hacen les acusan de ser “nenazas”. 

Si te das cuenta, estas diferentes emociones ya nos colocan a las niñas, y después mujeres, en una posición de dependencia respecto de los niños y hombres, de estar “por debajo” y necesitar ayuda de ellos. 

 

Origen de los roles de género:

Estamos hablando de un aprendizaje que se produce primero en las familias, muchas veces por el ejemplo que vemos, en las relaciones entre nuestros padres. Cuando las niñas cumplen con estos modelos se ven premiadas, y las que no los cumplen enseguida son señaladas y animadas a comportarse “como una chica buena”. Estos aprendizajes, con sus refuerzos tan poderosos, son difíciles de cambiar en el transcurso de los años, sobre todo si no nos los llegamos a plantear.  

Esta forma de aprendizaje es más poderosa aún, ya que la sociedad en la que nos vemos inmersas también mantiene esta forma diferenciada de educarnos. Nuestros abuelos y demás parientes, las amistades y otros referentes de nuestro entorno cercano (como personas cuidadoras y profesorado), así como otras influencias, como las películas infantiles, cuentos, publicidad, televisión, arte… todos son fuertes referentes que nos moldean para que cumplamos con unos mandatos de género que permite a los hombres ejercer poder sobre las mujeres. 

Los modelos que se nos hace ver como “normales” o buenas es la mujer en casa, ocupada de los hijos e hijas, y de otras personas dependientes, responsable de un trabajo invisibilizado y no remunerado adecuadamente (o en absoluto). 

Hoy en día los modelos van cambiando y adaptándose, pero no son mucho más beneficiosos para nosotras. La “superwoman” que puede con todo: trabaja en casa y fuera de ella, se ocupa de los hijos, de la pareja, y además cuida la dieta, va al gimnasio y queda con las amigas. Un modelo imposible de cumplir sin asumir un gran desgaste que nos afecta a la salud y el bienestar.

 

Cómo romper con los efectos dañinos que provoca sobre la salud integral de las mujeres:

Esta socialización nos afecta de un modo más negativo a las mujeres frente a los hombres, nos coloca en una posición de pasividad y dependencia, que facilita que se puedan dar situaciones de violencia, malos tratos y otras situaciones que nos limitan en nuestra autonomía. 

Además, acarrea un buen número de efectos perjudiciales sobre la salud de las mujeres: disminución en su nivel de bienestar, sensación de no cumplir o no llegar a todo, o de encontrarse sola, perdida, o sufrir violencia, no cumplir sus propios deseos, tristeza excesiva y continua, ansiedad, dificultades para dormir y descansar, o consumo excesivo de alcohol, entre otros. Cada mujer lo sufre de una manera u otra.

Para lograr nuestro mayor bienestar personal, desprendiéndonos de estos aprendizajes y sus consecuencias, es importante que como mujeres:

Conciencia

Tomemos conciencia de cómo nos afectan estos mandatos, cómo nos han influido en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestra educación, y cómo nos siguen influyendo. 

Protagonistas

Seamos protagonistas de nuestras propias vidas, afrontándolas con alegría y autonomía, y eliminando al máximo nuestra dependencia, luchando por conseguir nuestras aspiraciones y deseos propios. 

Cambiar los «debería» por » quiero»

Damos pequeños pasos para desprendernos de los “debería” y los ocupemos, en la medida de nuestras posibilidades, con los “quiero”.

Compartir emociones 

Juntémonos con otras mujeres, en espacios en los que conversar sobre cómo nos han afectado a cada una de nosotras esos mandatos, y observando y escuchando qué soluciones han ido encontrando otras mujeres para salirse de ellos. 

Compartir cargas

Trabajemos las amistades entre mujeres, compartamos cargas en nuestra vida familiar e intentemos llevar una vida lo más saludable posible, cuidando cuerpo y mente, comiendo bien, descansando, permitiéndonos espacios para nuestro autocuidado y desarrollo. Pide cita con una psicologa

 

Dejó de compararse con modelos de mujer en los que sentía que no encajaba. Empezó a dedicar tiempo a probar qué hábitos le hacían sentir mejor en su día a día y a alejarse de relaciones que le hacían sentir inferior. Comenzaba a sentirse la protagonista de la película de su vida. 

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Ana Alonso

Escucha y acompañamiento

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