Ella recuerda cuántas veces dijo «no me pasa nada» sin pensarlo, como si esa respuesta automática pudiera protegerla. Era su forma de defenderse, de esconder lo que realmente sentía.
El “no me pasa nada” como respuesta automática es una estrategia de defensa para protegernos. Es una frase que hemos escuchado en muchas ocasiones a lo largo de nuestra vida como estrategia de gestión de las emociones, y muchas veces damos esa misma respuesta a otros cuando experimentamos malestar emocional.
“No pasa nada” intenta minimizar el dolor, sin embargo, son pocas las veces que resulta una estrategia efectiva de gestión emocional. Por el contrario, muchas veces no trae un alivio real y nos lleva a desoír o invalidar el dolor y las emociones que sentimos. Esta frase suele centrarse en una estrategia de afrontamiento evitativo, fomenta la negación de la situación y de las emociones relacionadas con lo que ocurre, y bloquea las posibilidades de elaboración, comunicación efectiva y resolución de conflictos. Son muchas las ocasiones en las que esta respuesta nos salta ‘como un resorte’ frente a una situación de enfado o malestar, y son varias las razones por las que esto suele ocurrir:
- Protección emocional:
Negar nuestras emociones en ocasiones funciona como una estrategia -consciente o inconsciente- para protegernos: “Si no reconozco o hablo de la emoción, no la siento, no existe”. En otras ocasiones negamos nuestros sentimientos o evitamos compartirlos con otros si tememos que esto pueda desencadenar una reacción o situación conflictiva, o que pueda generar una respuesta desfavorable o perjudicial por parte de la otra persona, incluso por temor a que esta no nos entienda o nos juzgue.
- Evitación de la vulnerabilidad
Admitir que algo nos afecta o reconocer nuestras emociones puede hacernos sentir vulnerables y expuestas, por lo que al evitar hablar de lo que realmente nos ocurre, intentamos mantener una fachada de control y fortaleza. Es una forma de intentar cuidar de nuestra imagen de capacidad y gestión, de nuestro autoconcepto, aunque esto en realidad sea una estrategia contraproducente.
- Falta de autoconocimiento o conexión con lo que nos ocurre
A veces no somos completamente conscientes de lo que estamos experimentando internamente, nos cuesta conectar con ello o nos sentimos sobrepasadas por la emoción, por lo que nos sentimos incapaces de integrarla y elaborarla -y por tanto, transmitirla- en ese momento. Son más frecuentes de lo que podríamos imaginar las ocasiones en las que no tenemos el vocabulario emocional necesario para expresar nuestras emociones de manera transparente, y/o esperamos que sea el otro quien pueda entender y poner palabras a eso que estamos sintiendo sin necesidad de que se lo digamos.
Algunas alternativas a “no me pasa nada”
Es importante poder reflexionar sobre lo que activa nuestra respuesta de protección, y asimismo tener en nuestro “maletín de recursos” alternativas de respuesta para gestionar la situación de manera sana y coherente con nuestro desarrollo y bienestar emocional. Algunas respuestas que puedes dar en lugar de “no me pasa nada”:
- “Me siento molesta”.
- “Me siento dolida”.
- “No me ha gustado lo que has hecho/dicho”.
- “En este momento necesito espacio”.
- “Necesito tiempo antes de poder conversarlo”.
- “En este momento no siento que pueda hablarlo”.
- “Me siento incómoda como para poder expresarlo ahora mismo”.
- “Lo que ha pasado ha sido importante para mí y necesito tiempo para entender qué
siento al respecto”.
Este tipo de respuestas son más coherentes y genuinas con respecto a lo que sentimos en un momento de enfado y malestar. Recordemos que dar respuestas acordes a lo que sentimos y necesitamos es una práctica de amor propio, autocuidado y comprensión. Nos ayuda no solo a cuidar de nosotras mismas, sino también de nuestras relaciones y comunicaciones (interna y externa). Podemos redefinir y repensar aquellos momentos en donde “no me pasa nada” surge como respuesta automática, usándolos como espacios de reflexión y autoconocimiento, y que nos sirvan para:
- Reflexionar sobre nuestros sentimientos.
- Reconocer nuestras emociones y necesidades.
- Aprender a gestionar y afrontar el malestar y la incomodidad.
- Trabajar en comunicaciones y relaciones sanas.
Detectar las razones que disparan esa respuesta es importante para trabajar sobre todos estos aspectos. Si te ocurre con frecuencia saltar con el “no me pasa nada”, te invito a hacerte las siguientes preguntas:
- ¿Sabría nombrar la emoción que estoy sintiendo?
- ¿Me siento sobrepasada por la emoción, y no la quiero aceptar, o no puedo elaborarla
en este momento? - ¿Me cuesta reconocer que algo me ha afectado?
- ¿Respondo que no me pasa nada para intentar mostrarme ‘fuerte’?
- ¿Temo generar un conflicto con la otra persona y por ello respondo de esta forma?
- ¿Confío en la otra persona como para mostrarle mi emoción?
- ¿Temo ser juzgada por la otra persona?
- ¿Qué estoy esperando que haga o diga la otra persona?
Trabajar en nuestro autoconocimiento e inteligencia emocional es una tarea necesaria para abordar de manera sana, flexible y adaptativa las distintas situaciones de nuestra vida. El espacio terapéutico proporciona un lugar ideal y seguro para trabajar esto, para reflexionar sobre tus mecanismos de protección, lo que los activa; y comprender e identificar tus emociones y nuevas estrategias de gestión.
Cuando pensamos en trabajar sobre nosotras mismas y nuestras relaciones, muchas veces imaginamos que necesitamos hacer cambios “enormes” o “radicales”. Sin embargo, recordemos que los cambios sostenibles y significativos empiezan por abrir nuevos espacios de reflexión y dar pequeños pasos, incluso en cosas que pueden parecer cotidianas e intrascendentes.
Hacer cambios -tanto pequeños como grandes- alineados con tu bienestar emocional y relacional es posible, la terapia es una excelente herramienta para ello.
Silvia Fernández Sarcos
¿Te ha resultado útil este artículo? ¡Comparte tus experiencias en los comentarios y ayúdanos a construir una comunidad de apoyo!





