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Maternidad: cuando una madre ha sufrido maltrato y abuso infantil

Desde que se había quedado embarazada tenía más presente a sus padres de una manera u otra. Recuerdos, enfados, susceptibilidades…no entendía por qué se estaba sintiendo diferente con respecto a ellos.

Cuando hablamos de maternidad, cada uno de estos temas son muy amplios, pero realizaré un breve resumen de cada uno a modo de poder comprender de qué manera esto puede afectar a una mujer en la etapa del embarazo.

La maternidad representa una crisis poco reconocida socialmente y sumerge a la mujer en un camino de grandes interrogantes. Se trata de un cambio vital de gran profundidad y belleza, pero que de acuerdo a cómo sea atravesado podrá desembocar en una mayor o menor crisis existencial.

Toda experiencia emocional vivida durante nuestra infancia posee una gran influencia en el psiquismo durante diferentes momentos de nuestra vida adulta, con lo cual este bagaje emocional necesariamente se reactivará durante la maternidad. Al ser esta una crisis vital y evolutiva, es tanto reactivadora de conflictos del pasado como posible potenciadora de problemas en el presente, y además, se extiende inevitablemente sobre las demás vínculos de nuestro entorno.

¿Qué ocurre entonces durante el embarazo en el psiquismo de la mujer?

El embarazo, como proceso biológico, se divide en tres periodos de tres meses cada uno y este proceso permite a los padres la oportunidad de prepararse física y psicológicamente para el nacimiento de este hijo y la consiguiente nueva estructura familiar. Esta preparación, no solamente ocurre a nivel consciente, ya que el convertirse en madre o padre conlleva una serie de transformaciones y vivencias que se activan de forma automática e inconsciente.

Vamos a centrarnos sobre los fenómenos del tercer trimestre, ya que son los que más influyen sobre la temática que se está abordando en este escrito, sin embargo no debemos olvidar que en el embarazo es cuando se inicia el vínculo con el bebé y no después del nacimiento puesto que la mamá construye relaciones previas con su hijo.

Durante el tercer trimestre el bebé comienza a ser percibido poco a poco como un individuo separado y diferente de la madre. Cuando ese bebé llega al mundo se manifiesta un momento de una profunda desestructuración física y emocional en la mamá. Se pierden los lugares de identificación previos, ya que la madre se ausenta del trabajo, del estudio, deja de frecuentar los lugares de diversión y esparcimiento y está sumergida a veces en una rutina que puede resultar un poco agobiante. Pasa a estar a disposición de las demandas del bebé constantemente, lo que suele llamarse como la sensación de “perder el tren” o de haber quedado fuera del mundo. Es decir que la mujer experimenta un fenómeno de pérdida de identidad unido a otro fenómeno psicológico no menos importante que es el estado de fusión emocional con el bebé.

Ante este escenario, en una crisis maternal evolutiva en la que no se han sufrido maltratos, normalmente, con el paso del tiempo y tras un período de adaptación a la nueva identidad de madre, y de esta nueva estructura familiar, se irá recobrando poco a poco la autonomía, hallando el bienestar en las nuevas funciones como madre y recuperando la “normalidad” perdida.

¿Pero qué podría pasar cuando una mujer ha vivido abusos o maltratos en su propia infancia?

Según Erikson este momento vital representaría una nueva crisis de identidad y de personalidad. Con lo cual el hecho de haber sido víctima de abusos claramente agravará esta situación que ya es compleja en sí misma.
Este autor postula y compara adolescencia y maternidad. Proponiendo que ambos momentos vitales comparten puntos en común en donde hay una gran transformación en el cuerpo y además cambios hormonales, en donde se vive también un reposicionamiento del estatus social, disolución y reconstrucción de identificaciones precoces como la transformación de la autoimagen,
y de la imagen corporal. Se reactivarán los conflictos infantiles, teniendo así la oportunidad de integrarlos en la adolescencia. Sin embargo, en la maternidad será un poco más difícil integrar todo este bagaje, ya que cada mujer va a atravesar estas crisis mediante su historia de vida, estructura de personalidad, situación actual (conyugal, parental, social y familiar) identificación con su madre, comportamiento del bebé y el acoplamiento de este en el momento histórico de su llegada a la familia.

Esta comparación que menciona Erikson entre maternidad y adolescencia es relevante ya que en este período se dan una serie de fenómenos que de no haber sido integrados van a influir (en la ocasión de atravesar por el embarazo y la maternidad) pudiendo desembocar en una crisis tal que reactive de lleno aquellos conflictos vividos llevando a la persona a disociación emocional (como mecanismo de defensa ante la reactivación de los conflictos no resueltos) a fin de poder funcionar y desenvolverse en los cuidados del bebé y de las demandas propias de esta etapa.

Pero ¿De qué se trata este mecanismo de defensa?

La disociación es en realidad un mecanismo común que conviene normalizar. Un claro ejemplo de la vida cotidiana es cuando fantaseamos sobre posibilidades como por ejemplo ganar la lotería o hacer un viaje por el espacio. Es decir es algo que todos en algún momento hacemos. Pero en sus formas más severas los estados disociativos no son sanos ya que nos apartan de la realidad. Y si bien, como he dicho, se trata de estados bastante comunes en todas las personas, ya que todos tenemos facetas (nuestro yo guerrero, gracioso, nuestro estado de enfado, introversión, etc). La diferencia es que los tenemos integrados, somos conscientes de los mismos y adquirimos un sentido coherente de nosotros mismos y dichos estados a lo largo del tiempo. Sin embargo cuando se han vivido situaciones de abuso y/o maltrato en la infancia estos estados tienden a hacerse crónicos y a polarizarse, enquistándose en una forma de comportamiento estereotipada y poco flexible, ya que en la adolescencia (cuando podría darse la oportunidad de resolver los conflictos de la infancia) es muy común que las personas que han sido maltratadas carezcan también de la posibilidad de integración.

La adolescencia es un momento vital clave en donde tenemos la oportunidad de resolver la crisis del Yo básica. Es el momento en que formamos nuestra autoimagen, nuestra idea de lo que somos y de lo que buscamos ser. Las personas que emergen de esta etapa con un fuerte sentido de la identidad personal enfrentan la adultez con certidumbre y confianza. Quiénes no, enfrentan una crisis de identidad, no saben quiénes son o adónde van.

¿Qué puede ocurrir en aquellas mujeres que han sufrido abusos o maltratos en la infancia entonces?

No será para ellas una tarea psíquica sencilla el hecho de reconectar con sus propias identificaciones, sombras y conflictos sin resolver. Considero que el acompañamiento terapéutico y no terapéutico (me refiero a una red de mujeres que apoye el proceso de maternidad) es fundamental para cualquier mujer en este período vital pero mucho más aún para víctimas de maltratos.

Ante este escenario es necesario intervenir en Psicoterapia con estas mujeres ayudándolas a integrar los conflictos no resueltos, que como hemos visto, son de larga data e influyen durante el desarrollo de su vida cotidiana. Ante la noticia del embarazo es normal experimentar dudas, temores y una mezcla ambivalente de emociones. En una persona que ha sufrido abusos esta situación se ve claramente amplificada. Será a través de ir recogiendo e integrando estas polaridades y conflictos, como se puede ir logrando una integración emocional que lleve a la mujer a estar más centrada en el aquí y ahora y con un contacto corporal que le permita desde su centro emocional gestionar esta crisis vital de una forma más amable sobre todo consigo misma y que luego esto se pueda traducir al vínculo que está desarrollando con su bebé.
Si bien mediante técnicas psicológicas podemos abordar estas problemáticas, considero que debemos acercarnos a cada mujer (como a cada paciente) bajo una mirada individual y de amplia escucha, ya que finalmente es en el vínculo humano en donde encontraremos las verdaderas respuestas a este otro que llega a nuestra consulta. Creo que debemos siempre realizar un acompañamiento flexible, sensible y respetuoso de las reacciones emocionales de nuestras pacientes estando atentos como terapeutas a la persona individual. Intentando así realizar un acercamiento global y sin prejuicios, centrado en las fortalezas y recursos de la mujer.Pide cita con una psicóloga |

Revisó con un profesional, las emociones y sensaciones de la infancia relacionadas con la maternidad, y reconoció asociaciones que estaba llevando a cabo en su propio embarazo. Consiguió dejar aquello en el pasado y el proceso terapéutico le ayudo a centrarse y disfrutar más de su propia maternidad.

 

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Florencia Rodríguez Psicóloga

Florencia Rodríguez

Consciencia y ecuanimidad

Creo que a través de nuestra consciencia somos capaces de evolucionar hacia nuestra mejor forma de ser. A través de una escucha activa y empática con novedosas técnicas en Psicología aporto a mis pacientes las herramientas para que puedan convertirse en la mejor versión de sí mismos. Saber más.

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